Balseca, la Revolución y la Feria del Libro en Guayaquil

Está claro: las revoluciones no dialogan. Dialogan las personas. (Y no todas, obviamente.)

Fernando Balseca fue desinvitado de la Feria del Libro que organiza el Ministerio de Cultura.

Y así, el Soup Nazi le dijo a Balseca: “¡No soup for you! Come back… one year!”

En una Revolución Ciudadana que promueve, al menos en teoría, el poder comunitario, es curioso, por no decir cínico, que se construya una colectividad selectiva en donde quedan fuera del club los que disienten, los que cuestionan.

El silencio de los que disienten no demuestra que la Revolución tiene más fuerza que la palabra. Las voces que el poder ha callado solo dejan clara una cosa: que ese poder es débil. Y cobarde.

Copio aquí parte de un mail que le envió Fernando a una amiga suya (al final, él mismo indica que ese texto puede ser compartido), en donde se evidencian sus principios, la lealtad a sus colegas y a sus ideas y se percibe la sutileza y generosidad que hemos tenido la suerte de recibir quienes hemos sido alumnos suyos, así haya sido por un brevísimo pero inolvidable período.

Gracias, S., por tus preocupaciones sobre la cultura en el Ecuador de hoy. Aunque yo creo que de lo que hay que conversar es sobre el poder en el Ecuador de hoy.

Ojalá podamos conversar sobre cualquier tema, en cualquier circunstancia, en cualquier lugar. Eso es lo que queremos; esto era lo que pensábamos cuando hace muchos años imaginábamos -tal vez sin experiencia de vida pero con profunda alegría por el trabajo comunitario- un mundo mejor.

Creo que esos diálogos que ustedes plantean serían necesarios no por mí sino por la presencia de Mario Campaña: él es una voz interesada en construir un país -un continente- mejor (Necesidad de América lo prueba con creces); él fundamenta sus ideas con estudio y razones y, sobre todo, con imaginación, que me va pareciendo a estas alturas de la vida el instrumento más importante para conocer al mundo y a las personas (incluida, por supuesto, la imaginación literaria). Por eso, cualquier actividad con Mario sería fabulosa, pues es la hora de escucharlo.

Sí me preocupa que esta actividad pueda ser vista como una reacción a una disposición ¿administrativa, política? de los funcionarios del Ministerio de Cultura en Quito que se han negado a que yo participe en las varias actividades que los amables colegas del ministerio en Guayaquil me habían anticipado. Debido a la lógica del poder -irracional- que señala como enemigos a quienes no repiten exactamente unos argumentos ya señalados, me preocupa la posición en que pueden quedar esos compañeros (y compañeras) que trabajan en el Ministerio de Cultura en Guayaquil.

Por eso, considero que cualquier conversación en el futuro cercano debe estar alejada de la Feria del Libro de Guayaquil 2011; no debe verse como una feria paralela o una contra-feria; total, de lo que se trata es de que públicos pequeños pero cada vez más amplios puedan acercarse a los autores y, sobre todo, comprar los libros y leerlos. Eso anhelamos en una sociedad que se piensa en el cambio.

Tal vez, entonces, quepa un acto con mejor planificación; tal vez mejor dirigido, de tal suerte que no aparezca como una reacción resentida (al menos de mi parte) por haberme desechado de un programa que ya estaba en curso. En fin de cuentas, creo que todos debemos protegernos; en mi caso, yo no me considero un político, no quiero ser un político, no soy un político; un político, hoy en día, desarma las palabras para retirarles el significado que tenían antes, con el propósito de crear realidades inexistentes. Eso es un político ecuatoriano. Con esta afirmación anti-sujeto-político-profesional no le hago el quite al hecho de que lo que escribo tienen dimensiones claramente políticas.

Yo lo he dicho varias veces: los libros que leo, la civilización que atestiguo en las páginas de la historia, y 52 años de vida me impiden definirme como correísta o anticorreísta, como gobiernista o antigobiernista. No soy ni lo uno ni lo otro; creo que la literatura -la pasión intelectual a la que me he entregado- me autoriza a sostenerme en una posición escéptica que no debe ofender las creencias de nadie. Estoy convencido de que algo se puede cambiar, pero no todo. No existe esa revolución de la que hablan; no hay tal socialismo. Cuando se anuncia, así como así, el cambio de todo, no puedo más que ver en ello una demagogia. También estos últimos años he aprendido que hay reaccionarios de izquierda y progresistas de derecha y que, ambos, en una confusión penosa, nos gobiernan ahora.

Por eso mismo, sí debo confesar que a ratos me atraviesa el temor, y eso me duele, porque todo lo que está pasando se está haciendo en nombre de la revolución y el socialismo; conceptos que en nuestra juventud estudiosa tenían otras resonancias. Yo no estoy protegido por nada ni por nadie; trabajo en una institución que es organismo internacional pero también universidad publica; tengo hijos, tengo padre, tengo hermano, tengo pareja. Y la inseguridad en nuestro país es asombrosa e indignante. Y me he convencido de que los políticos en el poder hacen lo que quiera. Yo no tengo partido, no tengo organización, no tengo inmunidad. Tengo unas cuantas ideas y un poco de temor.

En fin, S., puedes reenviar este mensaje a quienes creas conveniente. Gracias por tu interés en lo que está sucediendo. Después de algunos años a lo mejor veremos que no fue tan grave.

Saludos gratos de Fernando Balseca

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