Erwin en las estrellas

La portada que diseñó Nella Escala es una maravilla (palabra que usé cuatro veces seguidas en la charla, según mi hermana).

El miércoles 11 de enero a las 19h00 se presentó en la Universidad Casa Grande el libro póstumo de Erwin Buendía “Si alguna vez llegamos a las estrellas”, editado e ilustrado por Nella Escala y publicado por La Caracola. El prólogo estuvo a cargo de su gran amigo Leonardo Valencia, quien me invitó a participar en la mesa desde mi perspectiva de fan de la ciencia ficción y amiga de Erwin. Para mí fue un honor compartir la mesa con Leonardo, un amigo al que respeto y aprecio mucho y  a quien admiro profundamente como escritor; pero sobre todo, fue un honor poder hacerle este pequeño homenaje a Erwin en una ceremonia cálida y emotiva junto a sus amigos, familiares, colegas y alumnos.

“Si alguna vez llegamos a las estrellas”

Hablaré del libro de Erwin y de Erwin desde mi perspectiva de fan de la ciencia ficción que tuvo la enorme suerte de ser su amiga, aunque fuera por breve tiempo.

Quisiera empezar con una frase del final de Little Gidding, el último de los Cuatro Cuartetos de T.S. Elliot. Probablemente la conozcan. Yo recuerdo con absoluta claridad la primera vez que la leí: fue en el año 96, sentada en mi cubículo en Generación XXI. La frase acompañaba las fotos de la tripulación del Enterprise NCC 1701-D de Star Trek: La Nueva Generación. Un verso en cada página.

“No dejaremos de explorar
Y el final de la exploración será
Llegar al punto de partida
Y conocer el sitio por primera vez”.

Pienso que esa estrofa se popularizó tanto porque, evidentemente, no habla de un viaje cualquiera, intra o extraplanetario, aunque se aplica en el viaje del Enterprise y su continua misión de explorar extraños, nuevos mundos… El poema de Elliot nos llega porque habla de nosotros mismos. De nuestro viaje en el tiempo.

La muerte es el territorio de la ficción. Ese destino común nos mueve a ser creadores de un futuro utópico para los seres queridos que ya no siguen con nosotros. Por ejemplo, “Erwin sería hoy un gran escritor de ciencia-ficción”. “Erwin sería hoy un gran ensayista”. Y esas ficciones solo son posibles en la medida en que la vida del protagonista haya sido notable (y eso no tiene que ver con los logros académicos –que Erwin los tuvo–), sino con cuántas vidas, cuántas mentes y cuántos corazones hemos tocado. Y en ese sentido, Erwin fue un hombre notable.

Leonardo hace énfasis en un rasgo del carácter de Erwin: su generosidad. Erwin fue un amigo generoso. Quisiera acotar que Erwin fue también un fan generoso y que esta es la base de mi intervención de hoy.

¿Qué quiero decir con “fan generoso”? En palabras de Leonardo en el prólogo, Erwin fue un admirador de Star Trek “nada convencional”. Confieso que al leer esa frase, me reí porque pensé “¡Claro que no era convencional: ¡era un trekkie! ¡A carta cabal!” Y seguramente tenía un disfraz de Spock o Data en su closet. Me regaló un libro de Q. Citaba entradas de la Enciclopedia de Star Trek… Pero luego, esa frase de Leonardo quedó rondando en mi cabeza por alguna razón que no tuve clara hasta casi terminar el libro. Y entonces me di cuenta: no era su admiración por Star Trek en sí lo que era poco convencional; sino el tipo de admirador que fue Erwin. Un admirador generoso, abierto, inclusivo. Esto es raro en los fans, que tendemos normalmente a querer formar sectas por todos lados con códigos que nadie más entiende, y mientras menos personas entiendan es mejor, porque eso reafirma mi valor como geek: si sé cuándo, cómo, dónde y por qué se dio la batalla de Wolf-359 o con cuántas “A” debería escribirse el grito de Kirk (“Khan”), o cuál es la máxima temperatura que puede soportar el cerebro de Scorpius o cuántos meses duró la estación Babylon 4 antes de desvanecerse repentinamente o cuántas veces Buffy rompió una puerta a patadas, etc…

Este libro no recopila los textos de un fan que presume de lo que sabe; sino que es una guía escrita mes a mes con cuidado, con alegría, con pasión. Es una conversación con el magnífico ser humano que fue Erwin. Eso se siente sobre todo cuando leemos el ensayo sobre Julio Verne, en donde se percibe claramente su ritmo para hablar, su sentido del humor y su mirada. Este libro es una muestra de su generosidad. Lo que uno espera de sus amigos nerd no es una caricatura que cita las Leyes de Adquisición Ferengi en orden pero no sale de ese pequeño o gran universo ficticio. Para conversar días, semanas y años, uno prefiere al amigo que es más real, al amigo que nos hace partícipes de lo que ama y no que compite por ser el más nerd de los nerd. Supongo que a los que pasan mucho tiempo online, esas competencias les deben sonar familiares… En ese sentido, Erwin era todo lo contrario del típico fan. Ante todo, Erwin fue un humanista y eso es lo que rescataba de sus lecturas, de las películas, de las series y no solo de Star Trek, aunque sé que justo por eso fue un profundo admirador de esta saga: porque su creador, Gene Rodenberry, fue un gran humanista también.

En sus escritos, Erwin no solo comparte o reseña los libros que ha leído, sino que busca que al enfrentarnos a una determinada obra, tengamos la misma información que él tuvo para que podamos sentir su entusiasmo, para que logremos ver el mundo de la forma como lo veían sus autores favoritos: nos da las claves de la lectura y de la escritura de los textos, y ahí descubrimos que su pasión no se limitaba solo a la ciencia ficción sino a la literatura y a la historia. Y, además, Erwin tiene un pulso y un gusto extraordinario para relatar. Nos cuenta la historia de sus historias favoritas. Con capítulos de este libro como “La Guerra de Las Salamandras” me divertí tanto que me olvidé de que estaba leyendo para charlar aquí esta noche.

Dice Erwin sobre el episodio final de Star Trek: La nueva Generación: “Para su último episodio, All Good Things Must Come To An End, transmitido en mayo de 1994 en todo el planeta –menos en Ecuador-, un club de fanáticos alquiló un estadio con pantalla gigante para dar cabida a los miles de admiradores que quisieron, literalmente con lágrimas, decir adiós a esa querida tripulación: sus amigos por casi ocho años”. El poder de la ficción es extraño y conmovedor a la vez. Un estadio lleno de fanáticos puede sonar aterrador, nos remite a la pasión violenta, a la competencia descarnada, brutal. Pero un estadio lleno de fanáticos de Star Trek que se despiden, entre lágrimas, de sus amigos… es el sueño de Rodenberry hecho realidad. Y es una imagen cautivadora: un estadio enorme como una nave, que contempla a otra nave, ambas, parte de otra nave aún más grande de la que todos somos tripulantes: la Tierra.

Mi recuerdo de Erwin, y la impresión que su libro deja, puede resumirse en una frase que él mismo escribió para hablar de Julio Verne: “nunca perdió ese sabor de ingenuidad, de feliz optimismo en un mundo que parecía que podía ser mucho mejor”. Ingenuidad no en el sentido infantil; sino porque sin malicia, asume y espera lo mejor de nosotros: sus lectores.

“Si alguna vez llegamos a las estrellas” es un texto que cierra, de manera casi borgiana, el ciclo, el círculo infinito que empezó con un fan lleno de ganas de compartir su lectura apasionada y que nos dice, insistentemente, “¡tienes que leer esto, tienes que leer esto!” Ahora, Erwin es el libro. Y es el libro que, como fan de la literatura y de la ciencia ficción, recomendaré insistentemente a mis amigos: ¡tienen que leer esto!

Live long and prosper.

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8 comentarios sobre “Erwin en las estrellas

  1. ¿De casualidad existe la versión e-book de este libro? Erwin fue mi profesor, y fácilmente diría que es la persona más inteligente con la que he tratado cara a cara, pero no lo conocía en esta faceta por lo que me interesa mucho leer estos escrito y no vivo en el país.

  2. Hola, querida Denise. Qué emotiva entrada!!! Qué lindo que es escuchar (o leer) a alguien que habla acerca de un amigo, de alguien a quien admiró y admira, porque allí se percibe cuán fuerte es el lazo de la amistad, y cómo los “seres literarios” se retroalimentan unos de otros. Felicitaciones por la participación en la mesa redonda, y la verdad que el libro pinta muy interesante. Una abrazo a distancia. ;-)

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