Las cosas por su nombre: ¿morbo o explotación?

Una amiga, Diana Romero, que es además una de las mejores cronistas de la ciudad, me pidió que colaborara con un texto para un tema que publicó en El Telégrafo sobre el apartado 3d del artículo 10 de la nueva Ley Orgánica de Comunicación:  “Evitar un tratamiento morboso a la información sobre crímenes, accidentes, catástrofes u otros eventos similares“.

Copio el texto que le envié.

¿Morbo o explotación?

Un medio de comunicación no es un puesto de hamburguesas. Un medio de comunicación opera en el terreno de lo ciudadano, de lo social; por lo tanto, no se le puede pedir lo mismo que se le pide “a cualquier negocio”, porque un medio de comunicación no es cualquier negocio.

Rojo de pies a cabeza… seguramente acaba de cometer un horrendo crimen.

Para el centro DART de la facultad de periodismo de la Universidad de Columbia, la tarea de los medios no solo es informar sobre sucesos o desastres: un medio responsable debe estar consciente de que la forma en que los periodistas cubren los sucesos afecta la forma en que la sociedad reaccionará ante ellos. Un medio es el terreno común donde los ciudadanos se encuentran, y pueden (y aprenden a) mirar al otro, a lidiar con las desgracias, a construir una comunidad.

Teniendo en cuenta esa perspectiva de la misión periodística, toca entonces librarnos de los eufemismos que desvían la discusión: cuando un medio publica fotos de un bombardeo  y se enfoca en los apéndices desperdigados, cuando asedia a los deudos de una víctima de sicariato o cuando muestra primerísimos planos del rostro de una mujer y su hijo menor de edad atropellados por un camionero ebrio en la Perimetral, ¿está “dándole un tratamiento morboso” a la información o está explotando o creando un suceso para beneficio del periódico?

Al hablar de morbo, el peso de la publicación recae sobre la interpretación del lector, y es difícil, y además innecesario, determinar qué despierta el morbo de cada persona. Si, en cambio, hablamos de explotación, la responsabilidad recae sobre el periodista y sobre el medio: se explota una tragedia con la finalidad de lograr más lectores o más fama o más ventas. ¿Y los derechos de libre expresión, de libre consumo, y la censura, y la prensa libre? Personalmente, creo que nos hemos malacostumbrado tanto a esos términos que ya no significan nada. Son frases incompletas que, en esa incompletitud, esconden la inevitable fractalidad del lenguaje: ¿prensa libre de qué? ¿Libre para qué?     La prensa debería ser libre para buscar temas que incomoden a la autoridad, a los ciudadanos, con el fin de comprometerlos con una causa justa; y al hacerlo, debe tratar con dignidad, responsabilidad y compasión a los demás con la finalidad de que, en esa exposición, la noticia sirva para tender puentes entre los ciudadanos: las comunidades se hermanan y fortalecen sus lazos en la desgracia, pero si los medios no nos muestran los hechos con esa intención, entonces la “noticia” pasa al olvido como “un muerto más”, “una balacera más”. Y lo son, si nos limitamos a lo cuantitativo. Pero las personas no somos solo eso.

El periodista responsable es el que se pregunta a sí mismo, constantemente: ¿Por qué quiero cubrir esta noticia? ¿Qué quiero lograr? Y el editor responsable es el que, cada vez, le pregunta a sus reporteros esas mismas cosas: ¿por qué crees que se debería publicar esto? ¿Qué esperas de ello? Si el periodista cuida la dignidad de las víctimas de una tragedia o de los protagonistas de un suceso, está cuidando también su propia dignidad. Si el editor no permite que se explote una noticia, está cuidando su dignidad y la del medio y por extensión, la de la comunidad. La intención sí cuenta. Y la intención ética permite contar un hecho con ética. Es así como se evita convertir una tragedia en un espectáculo.

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2 comentarios sobre “Las cosas por su nombre: ¿morbo o explotación?

  1. Un “punto de vista” que desplaza el credo dogmático y nefasto de que un periodista debe ser veraz, objetivo y neutro (ni la ciencia lo logra), hacia el terreno de la sensibilidad inteligente, la reflexividad crítica y la responsabilidad ciudadana..

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