Lo que nunca entendí del “cine de acción”

¿Qué es acción?
Explorar la definición de este término implica navegar por aguas existenciales, casi como preguntarse qué es el tiempo.

La quintaescencia del "cine de acción".
La quintaescencia del “cine de acción”.

¿Puede haber una película donde no haya acción?

No. Así, de manera tajante.

 

Si observamos al protagonista de una cinta dormir durante dos horas, estamos ante una película de acción. Todo es acción en el cine. Dormir es una acción. En mi caso particular, suele ser la acción que realizo al ver una mala película “de acción”.

“Acción” no es ni debería ser una categoría: el cine mismo es acción. Y lo es porque las acciones son la serie de movimientos que el personaje realiza para cumplir su deseo. ¿Qué quiere el personaje? Reconquistar a su amor perdido. ¿Qué hace para conseguirlo? Va al gimnasio, aprende mandarín, se gradúa en Harvard o se mete a una cámara de bronceado. Acciones. ¿Qué quiere el personaje? Salvar al planeta. ¿Qué hace para conseguirlo? Vuela, bucea, se pone una pijama azul, escucha los consejos psicóticos del fantasma de su padre. Acciones. Muchas. Y mientras más acciones realice el personaje para cumplir su deseo, más cerca estamos de lo que en la jerga hollywoodiense se denomina “cine de acción”. El mal llamado cine “de acción”, por lo tanto, es un cine donde hay exceso de acciones.

Las películas de Bruce Lee podían ser consideradas “de acción”, pero ni las acciones ni las maniobras de Lee eran vacías: sus cintas inspiraron a muchos espectadores a explorar la sabiduría detrás del arte y de la lucha. Cada gesto suyo tenía un objetivo, una razón, un principio, un propósito, una belleza efímera e inasible. Los silencios y los momentos de perfecta quietud en la batalla nos permitían experimentar la imposible velocidad de su cuerpo en movimiento. Las peleas estaban al servicio de la historia y de la filosofía de Lee, y no de la taquilla o del espectador. Contrastando con esto, en la última película “de acción” que vi, Jor-El y Zod se reventaban a golpes dentro de una cueva, en penumbras, rodeados de explosiones en un planeta que estaba a punto de desaparecer del mapa estelar. Y si le preguntan a cualquier persona por qué se peleaban esos dos, nadie atinará a responder con certeza y en menos de 1.500 palabras.

Llegados a este punto, me gustaría solicitar un poco de honestidad a los ejecutivos de marketing y productores de la industria cinematográfica. Señores: llamen a las cosas por su nombre. Ya que “cine de acción” es un desacierto, y más que nada, un eufemismo, propongo que se emplee para describir al que ahora se llama “cine adulto”, ya que en este hay más “acción” que en cualquiera de las entregas de Rápido y furioso.

Finalmente, me permito ofrecer nombres más honestos para el cine de acción en caso de que mi sugerencia anterior sea aceptada:

Cine que el director necesita filmar para poder comprarse otra casa en Malibú.

Cine que el guionista escribe mientras se blanquea los dientes.

Cine auspiciado por CrossFit Inc. y Greg Glassman.

Cine donde el malo suele ir vestido de negro.

Cine donde explotan 3,5 objetos cada 15 minutos.

Cine no inspirado en la obra de Jane Austen.


Este es un artículo que fue publicado en la revista Soho en la sección “Diatriba” en un especial de cine.

¡Muchas gracias a Carlos Andrés Vera por contactarme para este especial!

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